«Pero si nunca me tocó»: la sentencia argentina que cambió lo que entendemos por abuso
Un tribunal acaba de dejar algo claro: lo que pasa detrás de una pantalla también es real. Y también es delito.

Hay una frase que escucho mucho cuando hablo con adolescentes sobre lo que les pasa en internet: «Pero no es para tanto, si nunca me tocó nadie.» Como si el daño solo contara cuando hay un cuerpo de por medio. Como si lo que ocurre a través de una pantalla fuera menos real.
Una sentencia que acaba de dictarse en Argentina dice exactamente lo contrario. Y por eso quiero contártela.
LO QUE PASÓ
El 22 de abril de 2026, el Tribunal en lo Criminal Nº 4 de Morón, en Buenos Aires, condenó a un hombre a 20 años de prisión. El fallo es histórico porque, por primera vez en Argentina, la justicia reconoció que puede existir abuso sexual con acceso carnal sin que haya contacto físico entre la víctima y el agresor.
El caso es durísimo. Un hombre, que ya estaba preso por delitos parecidos, contactó por Instagram a una niña de 12 años fingiendo ser un adolescente. Durante más de tres años la sometió a amenazas, extorsión y exigencias sexuales a través de videollamadas y mensajes. La obligaba a hacer cosas frente a la cámara bajo la amenaza de difundir imágenes íntimas que ya le había sacado.
Los jueces lo dijeron con claridad: aunque el agresor nunca estuvo físicamente cerca de ella, el dominio psicológico, las amenazas y la coacción configuraron un abuso tan grave como el que ocurre en persona.
Para la justicia, eso fue abuso sexual. Real. Con una condena de 20 años.
POR QUÉ QUIERO QUE ENTIENDAS ESTO
Mira, hay algo en este caso que me parece urgente que sepas: el agresor se hacía pasar por alguien de tu edad. Usaba un perfil falso. Era amable al principio. Y para cuando la víctima se dio cuenta de lo que estaba pasando, ya estaba atrapada en una red de miedo de la que sentía que no podía salir.
Eso no fue culpa de ella. En ningún momento. La manipulación está diseñada para que la víctima se sienta responsable, para que crea que si cuenta algo va a meterse en problemas, para que piense que está sola. Así funciona. Y por eso es tan difícil pedir ayuda.
Hay un detalle de esta historia que no me puedo sacar de la cabeza. ¿Sabes cuándo empezó a salir esta chica del infierno en el que estaba? Cuando le contó a una profesora. Una sola persona adulta en quien confió fue suficiente para activar todo lo que la protegió después.
Eso me parece lo más importante de toda esta noticia. No la condena. Sino que una conversación con un adulto de confianza fue lo que cambió todo.
LO QUE NECESITAS TENER CLARO
✦ Si alguien que conociste en internet te pide secretos o fotos, eso no es normal:
No importa cuánto tiempo lleven hablando ni qué tan bien te caiga. Pedir secretos o imágenes íntimas a alguien menor de edad es una señal de alarma. Siempre.
✦ Si ya estás en una situación así, no estás sola ni solo:
Y no es tarde. No importa lo que ya haya pasado, lo que ya hayas enviado o lo que te hayan amenazado con hacer. Hay salida. Y empieza por contárselo a un adulto en quien confíes.
✦ Si le pasa a alguien que conoces, no lo juzgues, acompáñalo a buscar ayuda:
A veces el amigo o la amiga que te cuenta algo así solo necesita que alguien le diga «esto no es tu culpa, vamos a buscar a alguien que nos ayude.»
Lo que pasa detrás de una pantalla es real. El miedo es real. El daño es real. Y ahora, también la justicia lo reconoce así.
Tu cuerpo es tuyo. Tu intimidad es tuya. Nadie tiene derecho a controlarlos, ni en persona ni a través de una pantalla. Y si alguien lo intenta, contarlo no te mete en problemas. Contarlo es lo que te saca de ellos.
¿Sabías que esto podía considerarse un delito tan grave? ¿Tienes un adulto de confianza a quien le contarías si algo así te pasara?
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Gairimar Cano
Niñez y Adolescencia sin Heridas
Fuentes verificadas:
La Nación — sentencia Tribunal de Morón — lanacion.com.ar — 27/04/2026
