¿Es normal sentir culpa por volver a la rutina después de una tragedia?
Seguir adelante no es olvidar. Es una forma de honrar.

Han pasado varios días desde el 24 de junio, y muchas familias están en un punto raro. Ya no están en la emergencia, pero tampoco sienten que puedan volver a ser las mismas de antes. Vuelven al trabajo y sienten que no deberían reírse todavía. Las niñas y los niños vuelven a jugar y algún adulto, sin querer, los mira con extrañeza, como si jugar fuera casi una falta de respeto.
Honestamente, quiero hablarte de esa culpa, porque le hace daño a más gente de la que uno imagina.
¿Por qué siento culpa por estar bien cuando otros la están pasando mal?
Porque confundimos honrar con sufrir.
Yo he acompañado a muchas familias después de momentos duros, y algo que veo seguido es esto: un niño llora, y diez minutos después está jugando como si nada. A un adulto eso puede incomodarlo, como si el niño no hubiera entendido la gravedad de las cosas. Pero en mi experiencia no es así. Los niños entran y salen del dolor de una forma que a nosotros nos cuesta entender, y no por eso lo sienten menos.
Con los adultos pasa algo parecido, aunque nos cueste más darnos permiso. Reírte, comer con gusto, dormir bien, no significa que ya no te importe. Significa que también necesitas sostenerte para seguir ahí para los demás.
¿Cómo le explico a mi hijo que está bien volver a jugar?
No se lo expliques con un discurso. Muéstraselo jugando con él.
Los niños miden el permiso que tienen por lo que ven en los adultos, no por lo que les decimos. Si tú te permites reír, ellos entienden que reír no está prohibido. Si andas seria todo el día “porque hay que estar seria”, tu hijo va a cargar esa seriedad sin saber ni por qué.
Si hace falta ponerlo en palabras, algo simple funciona: “está bien que juguemos. Jugar no significa que se nos olvidó lo que pasó. Significa que también necesitamos estar bien.” Esa frase, dicha una sola vez, vale más que evitarle el tema por semanas.
¿Está mal que la vida siga igual que antes para mi familia?
No, pero “seguir igual” y “seguir con cuidado” son distintos.
Las familias que mejor la llevan, por lo que he visto, no son las que se quedan congeladas en el dolor ni las que actúan como si nada hubiera pasado. Retoman la rutina, sí, pero con un poco más de ternura de la que tenían antes. Un abrazo más largo. Una cena sin apuro. Una pregunta de más antes de dormir.
Eso no es fingir. Es dejar que lo que pasó te cambie un poco, sin que te paralice.
¿Cómo sé si mi familia ya está lista para volver a la normalidad?
No hay un día exacto, pero hay una señal que ayuda: cuando la rutina empieza a sentirse como alivio y no como obligación.
Al principio, después de algo así, hasta las cosas simples cuestan. Levantarse, arreglar la casa, ir al trabajo. Todo pesa un poco más. Con el tiempo, esas mismas cosas empiezan a sentirse como un lugar seguro donde pararse. Ese cambio, aunque sea pequeño, suele ser señal de que se está sanando.
Si notas que en tu casa todo sigue pesando igual que el primer día, después de varias semanas, no fuerces la vuelta a la normalidad. Busca acompañamiento. Eso también es cuidarse.
¿Qué le digo a alguien que todavía no puede seguir adelante?
Nada que apure su proceso. Que sepa que no está solo en él.
Cada persona necesita su propio tiempo. Vas a tener en tu vida gente que ya está retomando su rutina y gente que todavía no puede, y las dos formas merecen respeto. Lo que de verdad ayuda es acompañar sin exigir un ritmo, escuchar, estar cerca, y si puedes, sumar algo concreto donde haga falta.
Nadie debería atravesar esto solo. Tampoco nadie debería sentirse mal por atravesarlo a un ritmo distinto al de otro.
Lo que quiero que te lleves
Seguir adelante también es una forma de honrar a quienes hoy hacen falta.
Si mañana puedes volver a tu trabajo, a tus rutinas, a la risa de tus hijos en la casa, hazlo con gratitud, no con culpa. Y si en tu camino te encuentras con alguien que todavía necesita tiempo, quédate cerca sin apurarlo.
¿Y tú, cómo sientes que está tu familia en este momento? ¿Ya volvieron a la rutina, o todavía necesitan tiempo?
Gairimar Cano
Niñez y Adolescencia sin Heridas
