Mi hija o mi hijo tiene miedo: qué hacer con las manos, no solo con las palabras

A veces el cuerpo necesita algo más que palabras.

Ya hablamos de lo que se dice y lo que no. Hoy quiero darte algo distinto: cosas para hacer con las manos, con el cuerpo, en el momento mismo del susto o en los días que le siguen. Porque un niño asustado no siempre está en condiciones de conversar. A veces lo que necesita primero es que su cuerpo baje la guardia. Después viene la palabra.

¿Qué hago en el momento exacto en que mi hijo está asustado?

Baja tú primero. Después baja a él.

Sé que suena raro, pero es así: un niño no se calma con un adulto agitado al lado, por más buenas intenciones que tenga. Antes de decirle nada, respira tú despacio, aunque sea disimulado. Los niños sienten el pulso de quien los sostiene.

Después, prueba este ejercicio simple, que funciona incluso con los más pequeños. Dile: “vamos a oler una flor imaginaria” —inhala despacio por la nariz, contando hasta tres— “y ahora vamos a soplar una vela” —exhala despacio por la boca, también contando hasta tres. Repítanlo cinco o seis veces, juntos, como un juego, no como una instrucción médica.

Con los más grandes puedes usar otra técnica: pídele que nombre cinco cosas que puede ver alrededor, cuatro que puede tocar, tres que puede escuchar. Esto saca a su mente del miedo y la trae de vuelta al cuarto donde está, seguro, contigo.

¿Cómo ayudo a mi hijo a sacar el miedo si no quiere hablar de él?

No lo obligues a contarlo. Dale otra puerta de salida.

Muchos niños, sobre todo los más pequeños, no tienen las palabras para explicar lo que sintieron. Pero sí pueden dibujarlo, jugarlo, actuarlo.

Con los de tres a seis años, dale papel y colores y dile: “dibuja cómo se sintió tu cuerpo ese día.” No le pidas que dibuje bonito ni que explique nada. Solo que dibuje. Muchos van a pintar rayas fuertes, colores oscuros, formas que ni siquiera podrían explicar. Está bien. Eso también es contar.

Con los de siete a doce, puedes ir un paso más allá: que dibujen dos escenas, “cómo me sentí” y “qué me ayudó a sentirme mejor”. Esto no solo saca el miedo, también le enseña a su cerebro que el miedo tiene un final.

Con los adolescentes el dibujo casi nunca funciona, y está bien que así sea. Con ellos ayuda más el movimiento: salir a caminar, patear una pelota, escribir aunque sea dos líneas en un cuaderno que nadie más va a leer. El cuerpo adolescente también acumula tensión, y necesita soltarla de alguna forma que no sea gritándole a alguien.

¿Cuándo el miedo ya no es normal y necesito ayuda profesional?

Cuando el miedo deja de ser una reacción y se convierte en una forma de vivir.

Es normal que después de un susto grande un niño esté más pegado a ti, duerma peor, se sobresalte con facilidad. Eso, con acompañamiento, va bajando solo con las semanas.

Ahora, presta atención si ves esto: si después de un mes el miedo no baja, sino que crece. Si tu hijo deja de querer ir a la escuela o de ver a sus amigos. Si aparecen dolores de estómago o de cabeza frecuentes sin ninguna causa física. Si un ruido cualquiera lo hace saltar como si volviera a estar en el momento del susto. O si notas que se apaga, que deja de mostrar interés por cosas que antes le gustaban.

Ninguna de estas señales, sola, significa que algo está mal. Pero si ves varias juntas, sostenidas en el tiempo, ese es el momento de buscar a un psicólogo infantil. No porque hayas fallado en algo. Porque hay heridas que necesitan más que el amor de la casa, y reconocerlo a tiempo es parte de cuidar bien.

– – – – – –  RECORTA Y PEGA EN LA NEVERA  – – – – – –
PLAN FAMILIAR DE EMERGENCIA EMOCIONAL
Cuando algo asuste a mi hijo, en esta casa vamos a:

[   ]  Respirar juntos antes de hablar. Oler la flor, soplar la vela.
[   ]  Darle papel y colores si no quiere hablar. Dibujar también es contar.
[   ]  Salir a caminar si es grande y no quiere sentarse a conversar.
[   ]  Recordar que el susto baja con tiempo, y que si no baja, buscamos ayuda.
[   ]  Y sobre todo: nadie en esta casa atraviesa el miedo solo.

Niñez y Adolescencia sin Heridas · Gairimar Cano


¿Y tú, qué has probado en casa estos días? ¿Alguna de estas herramientas ya la usas sin saber que tenía nombre?

Gairimar Cano

Niñez y Adolescencia sin Heridas hice.